Skip to Content

Aviso!

Acabamos de trasladar este sitio a un nuevo servidor que da mejores prestaciones y que beneficiará a los usuarios.

Aun no están implementadas todas las opciones que queremos ofrecer, y que estamos trabajando sin descanso para que este estado de cosas dure lo menos posible.

De momento el registro de usuarios se hará a traves del formulario de los foros hasta nuevo aviso, y las opciones de publicar comentarios se activarán en breve.

Disculpen las molestias.

Administrador.

Conversión de la Iglesia a Jesús, el Cristo (IV)

3. HACIA UN FUTURO NUEVO

• Reavivar la esperanza

La Iglesia necesita palabras críticas que pongan verdad en su interior, pero necesita también palabras de aliento que despierten su esperanza. Más que darle vueltas y más vueltas a la crisis actual buscando algún consuelo, lo que necesitamos es construir nuevas bases que hagan posible la esperanza. No seguir desarrollando pesimismos inútiles que no conducen a nada, sino abrir los corazones de los creyentes y abrir las comunidades cristianas a la confianza, a la esperanza, a la preparación de un futuro nuevo.

Hablamos de esperanza, no de sueños ni de proyecciones de nuestro corazón desconcertado, ni de evasión de un presente triste y difícil. Esta esperanza realista sólo se puede fundamentar en el Dios encarnado y revelado en Jesús. No sabemos qué va a suceder en la historia de la Iglesia entre nosotros. No sabemos cuándo, cómo y por qué caminos actuará Dios para seguir impulsando su reino. No podemos mirar al futuro sólo desde nuestros cálculos y previsiones, hemos de potenciar la fe que espera y confía en el Dios de Jesús. En él se encierra también hoy un "enorme potencial de esperanza" que puede ensanchar el corazón encogido de los cristianos.

¿Cómo puede mirar la Iglesia al futuro, cuando parece que no hay futuro? Sólo desde la confianza en el Dios de Jesús. La Iglesia no puede fundamentar su porvenir sobre sí misma. No puede disponer de su destino. Sólo Dios tiene la palabra última y decisiva sobre la vida de la Iglesia. Sólo Dios salva. Él seguirá llevando adelante su proyecto de salvación del mundo. Él lo irá haciendo realidad, con nosotros o sin nosotros. Dios no se echa atrás. Ni la secularización moderna ni el pecado de los seguidores de Jesús bloqueará su acción salvadora.


• Hacia una nueva fase del cristianismo

La esperanza se vive preparando nuevos tiempos para la Iglesia, desde ese proyecto del reino que Dios tiene en su corazón para toda la humanidad. Hoy se nos pide ir empujando paso a paso a la Iglesia a ser de Jesús más de lo que hoy es. No es el momento de inventar recetas fáciles ni de vender seguridades falsas, sino de promover la vuelta a Jesús como talante, como fundamento y corno principio de una nueva fase de Iglesia. Se nos pide movilizarnos para ir, poco a poco, replanteándolo todo desde una fidelidad nueva a Jesús. Dios es insondable, es siempre nuevo, mejor de lo esperado. Al cristianismo le esperan todavía grandes sorpresas. Dios es Dios. Para él, veinte siglos no son nada. El cristianismo no ha dado todavía lo mejor.
No hay recetas concretas, pero hay caminos de búsqueda. Se necesitan testigos nuevos de Jesús, que inicien caminos nuevos en la historia del cristianismo. Parroquias que empiecen a sugerir y preparar, con su vida y sus compromisos, tiempos nuevos para la Iglesia. Comunidades que lleven a la Iglesia hacia un nivel de calidad humana y cristiana más auténtico. Que generen una nueva manera de percibir el evangelio, una conciencia más viva de ser seguidores de Jesús y una responsabilidad más consciente y práctica en el servicio al reino de Dios. Hemos de iniciar caminos nuevos que reclaman de nosotros mayores niveles de fe, de esperanza y de conversión. Caminos que, poco a poco, van trasformando y preparando de manera germinal un cristianismo nuevo, más purificado y más fiel a Jesús.


• Trabajar la conversión y el cambio

Los tiempos de trasformaciones radicales son tiempos de gracia y de conversión, que exigen un talante y unas actitudes específicas. Señalo dos. En primer lugar, hemos de aprender a vivir cambiando. Esto significa aprender a "despedir" cosas que ya no evangelizan ni abren caminos al reino de Dios, como tal vez lo hicieron en otros tiempos, y aprender a tantear y ensayar caminos de innovación. Estamos ya "despidiendo" formas tradicionales de pastoral y evangelización, pensadas para una sociedad de cristiandad que ya no existe. Estamos dejando atrás lo viejo y empezamos a dar pequeños pasos hacia lo nuevo y desconocido.

Se nos pide, además, darle forma al cambio. Diseñar y experimentar nuevas formas de evangelización, de predicación de Jesús y de comunicación de su evangelio, de estructuras y ámbitos de servicio al reino de Dios. Cada vez nos será más difícil tomar como referencias válidas situaciones pasadas que ya no existen. Hemos de dedicar mucho menos tiempo al análisis de las deficiencias, la escasez de medios, las dificultades... y más tiempo, más oración, más atención y energías a descubrir llamadas nuevas, carismas nuevos y caminos nuevos de conversión innovadora.

Los comienzos siempre son siempre frágiles. Vamos a experimentar todavía mucho más el carácter vulnerable y poco sig­nificante de la Iglesia en la sociedad. Compartiremos la condición de "perdedores" con otros sectores de la sociedad. Experimentaremos el alejamiento masivo de bautizados; la escasez extrema de presbíteros; la perdida de presencia y de poder social. No nos podemos hacer ilusiones de cara al futuro inmediato. Necesitamos arraigar profundamente nuestra fe en el Dios de Jesús. Sólo así seremos capaces de un nuevo comienzo, sin perder la identidad personal y comunitaria de seguidores. Nuestra fuente inagotable de energía es Jesús. Sólo en él vamos a poder encontrar fuerzas para gastar la vida para que su proyecto del reino de Dios siga vivo también en el futuro. Y, seguramente, algunos de nosotros podrán ver, dentro de unas décadas, una Iglesia revitalizada, capaz de trasmitir sentido y esperanza. Lo más significativo será ver que los cristianos (pocos y humildes), atrapados durante tantos siglos por sus propios problemas, vuelven a sentirse fascinados por Jesús y su proyecto.

José Antonio Pagola
rev FRONTERA nº 51 "volver a Jesús, el Cristo" 2009
edita ADG-N

 

________________________
1 Marcel Légaut, “Creer en la Iglesia del futuro”. Santander, Sal Terrae, 1985. Ver su importante reflexión sobre las religiones de autoridad y la religión de llamada (pp.29-138).
2 J. P. Jossua no es muy explícito en la entrevista. Puede estar pensando en la centralización actual de la Curia romana, la institución de los Cardenales, la estructura del Estado Vaticano y la red de las nunciaturas apostólicas, el modo de elegir al Papa y de nombrar obispos, el dominio casi absoluto de la Jerarquía en todo, la marginación del Pueblo de Dios, la exclusión de la mujer del sacer­docio, la inculturación de la fe en la cultura grecolatina, la estructuración actual de la Cena del Señor...
3 Carlo M. Martini - George Sporschill. Coloquios nocturnos en Jerusalén. San Pablo, Madrid 2008.
4 La circular de Pedro Casaldáliga se ha difundido por internet en febrero de 2009 y lleva por títu­lo "Hoy ya no tengo esos sueños (dice el Cardenal Martini)". Es sabido que tanto Casaldáliga como Martini comparten la enfermedad de Parkinson. Por eso, Casaldáliga termina su escrito con estas admirables palabras: "El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro".
5 H. Lubac, Méditation sur l'Eglise, p.188-189, citado por Claude Dagens, Méditation sur l'Eglise Catholique en France: libre et présent, Paris, Cerf, 2008, p.28.
6 O.c., pp. 345-346. Según E. Biser, la consigna a seguir hoy para superar cualquier objetivación que grava y dificulta la relación viva de Jesús con sus seguidores es "¡Fuera del relicario!".

 

Sindicar

Distribuir contenido